13 de diciembre de 2019.

 En la Edad Media lo figurativo inundaba las principales manifestaciones de la época y la elección de una u otra representación no siempre era arbitraria, pudiéndose hacer referencia a una pluralidad de atribuciones semánticas tal y como han planteado diferentes teóricos, como Camille y Williams para aquellos casos que no presentan un carácter sagrado.

 Roma Valdés, uno de los principales especialistas en cultura monetaria medieval en España, ha advertido que la moneda «más que una medida mercantil de intercambio, es un signo de valor que identifica a su dueño» (1). Su principio activo como símbolo de autoridad y de control, entre otros tantos valores, de modo similar a como sucede con los sellos de las ciudades en todo el Occidente medieval, resulta ineludible (2). La donación parcial de los beneficios de la acuñación de moneda por parte de la monarquía a la Iglesia, testimonios de Compostela (1105-1193), Sahagún (1116-1119), Salamanca (1137-1186) y Palencia (1140-1163) entre otros, demuestran asimismo su interés como fuente de financiación y de riqueza. Riqueza que se destinó en parte a la construcción de edificios de todo tipo. Con el patrimonio reunido se contrataban operarios que extraían la piedra de la cantera y la trasladaban hasta la obra. Tras el acopio de los materiales necesarios y el terreno listo, tras completar los fundamentos se levantaba el resto de la construcción. Para entonces, un manto blanco de iglesias cubría la cristiandad tal y como señaló Raúl Glaber (c. 985-1047). Los costes, ya sea por los materiales como por el personal puesto a disposición de la obra, se pueden vincular con un superávit, pero existen otras posibilidades sobre el incremento de edificios, como el interés por la monumentalización del poder, manifestación de la autoridad religiosa o política según el caso, así como la reflexión planteada por Roma Valdés líneas más arriba.

Esta relación entre riqueza y construcción, conivnctis viribus, es latente para las monedas que cuentan con arquitecturas como tipo. Y así un dinero anónimo de posible origen leonés acuñado hacia 1160, «muestra una iglesia, posible indicio de que los beneficios de su emisión tendrían como destino la financiación de la obra» (3) (Fig. 1). En contraposición en cuanto al tipo de edificio representado y poder, en un dinero de c. 1180 de Alfonso VIII (1158-1214), se personifica al monarca de perfil sobre una microarquitectura compuesta por un castillo torreado (Fig. 2). No cabe duda que los objetivos y las representaciones sintéticas de una y otra moneda son distintas, pero tienen en común que son ejecutadas y están bajo el control de los poderes de la época, que son los que detentan la posesión de la riqueza. Ya sea la acuñación de la moneda, como la construcción de los edificios. La arquitectura monumental es un atributo que solo unos pocos podrían seleccionar para su imagen. De este modo, su elección no resulta aleatoria y el hecho de recogerse en una moneda, redunda en su relevancia. Se funde así arquitectura y poder en diferentes monedas de los siglos XI, XII y XIII, no siendo muy numerosas en el cómputo total según lo conservado.

(Fig. 1) Dinero de c. 1160.

(Fig. 2) Dinero de c. 1180.

Fruto de estas observaciones surge el logotipo del Petrifying Wealth, el cual combina dos elementos fundamentales del proyecto: riqueza (moneda) y petrificación (construcción) (Fig. 3).

(Fig. 3) Logotipo de Petrifying Wealth.

Para su configuración se han empleado como recursos visuales, por un lado, un dinero datado entre 1252-1284 de la época de Alfonso X (1221-1284). Conservado en el Museo Arqueológico Nacional, cuenta con la representación de un castillo, emblema heráldico de Castilla (4) (Fig. 4); por otro lado, un detalle del paramento de la iglesia románica de San Marcos de Salamanca, fábrica plagada de marcas de cantería, datado entre mediados del siglo XII y principios del XIII (5) (Fig. 5). El resultado es una ‘simbiosis’ equilibrada entre riqueza, construcción y poder. En resumen: Petrifying Wealth.

(Fig. 4). Maravedí de Alfonso X. © Museo Arqueológico Nacional.

(Fig. 5). Muro de la iglesia de San Marcos en Salamanca. © Fundación Santa María la Real.

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(1) ROMA VALDÉS, A. Emisiones monetarias leonesas y castellanas de la Edad Media. S.l.: Morabetino.es, 2010, p. 11. https://www.academia.edu/2350509/Emisiones_monetarias_leonesas_y_castellanas_de_la_Edad_Media_Organizaci%C3%B3n_econom%C3%ADa_tipos_y_fuentes [consulta el 08-12-19].

(2) BRUYNE-VILAIN, A. Imago urbis: les sceaux de villes au Moyen Age. Paris: Cths INHA, DL 2018.

(3) ROMA VALDÉS, A. Románico y gótico en la moneda de León y Castilla. S.l.: Morabetino.es, [201?], sin paginar.

(4) Museo Arqueológico Nacional, ficha de inventario 1994/50/3947.

(5) Sobre el edificio, véase: http://www.romanicodigital.com/detalle-Pdf.aspx?archivo=SALAMANCA&localidad=SALAMANCA [consulta el 08-12-19].

Antonio Ledesma. Post doctoral researcher.
Instituto de Historia
Centro de Ciencias Humanas y Sociales, CSIC (Madrid)