Gracias al seminario que el profesor Salgado Pantoja (UCLM) ha ofrecido en el CCHS-CSIC  el pasado 26 de marzo del 2019 sobre los «Los pórticos parroquiales del románico hispano: construcción, significado y funciones», desde ‘Petrifying Wealth’ hemos aprovechado para entrevistarle. El resultado ofrece información de especial interés para el proyecto y para el crecimiento de las disciplinas en las que nos movemos. Agradecemos al ponente su atención y dedicación.

Fig. 1. Conferencia de José Arturo Salgado Pantoja en el CCHS-CSIC.

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¿Cuáles son las causas que responden a la marcada distribución territorial de las galerías porticadas?

Pues teniendo en cuenta que sobre un  90%  de ellas, aproximadamente, se distribuyen o se encuentran concentradas dentro de los límites de la Extremadura Castellana, creo que esa realidad geográfica, con sus características y particularidades, tuvo mucho que ver con el dicho éxito constructivo. Este territorio gozaba en la Edad Media de una personalidad muy marcada, ya que había sido conquistado en una época muy precisa, entre finales del siglo XI y principios del XII, y porque además fue poblado con un sustrato humano muy variopinto, con cristianos del norte, pero también con gentes imbuidas de la cultura andalusí. En esta área se implantaron además las Comunidades de Villa y Tierra, con sus ventajosos fueros y sus nacientes villas y aldeas, que pronto requirieron ciertas estructuras y espacios para el correcto desarrollo de su vida parroquial y concejil. Y, como parece evidente, estas galerías porticadas tuvieron la virtud de adaptarse muy bien a dichas necesidades y peculiaridades.

Fig. 2. Localización de los pórticos románicos analizados por el conferenciante. © J.A. Salgado Pantoja. Imagen tomada de «El pórtico románico en Tierras de Castilla», p. 103.

¿Por qué no se extiende el modelo más allá en el tiempo?

Los pórticos parroquiales cumplieron bien sus funciones durante toda la Baja Edad Media, pero llegó un momento en la historia, sobre todo a partir del siglo XVI, en el que la situación comenzó a cambiar, ya que sus usos religiosos y cívicos comienzan a difuminarse. Las poblaciones empiezan primero a dotarse, ya desde época de los Reyes Católicos, de las casas del concejo, de aquellos primeros ayuntamientos que, curiosamente, a menudo mantienen esas estructuras porticadas en sus fachadas. Los usos asamblearios, como cabría suponer, se trasladan a los antedichos edificios, mientras que los asuntos judiciales de paz se reubican en las audiencias y el ocio comienza en las casas de juego construidas ex profeso para ese fin. Los catecúmenos y los penitentes, que también aguardaban en el pórtico su integración en la comunidad cristiana, dejan de hacer sus esperas en público, mientras que las procesiones se extienden hacia otros lugares del núcleo. Finalmente, los cementerios pasan a construirse en lugares menos ofensivos para la seguridad pública, y no en el entorno de los templos parroquiales. Cuando el pórtico deja de tener esos cometidos, cuando pierde esa naturaleza con la que había sido concebida, deviene en algo inútil: o dicho de otro modo más prosaico, para guarecer las puertas de la iglesia, sin más, ya no es necesario mantener una galería de 15 ó 20 metros de desarrollo. Es a partir de este momento cuando se empiezan a demoler o, en el mejor de los casos, a convertir en naves secundarias, graneros, osarios, sacristías o casas parroquiales.

En relación con esas actividades de carácter laico, ¿cuál sería el primer testimonio que nos permite acreditar que, por ejemplo, los pórticos funcionan como punto de encuentro del concejo?

Hay algunos documentos de la segunda mitad del siglo XIII que ya mencionan estos fenómenos en, por lo menos, la ciudad de Segovia que es donde se han conservado los testimonios escritos más antiguos al respecto. Si nos movemos ya en ámbitos de provincia, en ámbitos aldeanos, resulta casi imposible hallar una información tan temprana. No obstante, en el siglo XIV ya tenemos noticia textual en muchos municipios de las asambleas ciudadanas, encabezadas en los documentos con aquel conocido formulismo de «estando nos el concejo reunido en el pórtico de la iglesia a campana repicada». Según avanza la Edad Media, como cabría suponer, el número de documentos conservados que refieren directa o indirectamente estos usos asamblearios del pórtico, u otros de carácter comercial o judicial, va siendo mayor.

El levantamiento de los pórticos es posterior a la edificación de la nave en la mayoría de los casos, ¿se evidencia algún tipo de cambio desde el punto de vista material o constructivo?

El más notorio es que los pórticos no están trabados o engarzados con el muro de las naves de las iglesias. Ese hecho demuestra que se trata de elementos adosados, añadidos en una segunda campaña constructiva que, generalmente, no dista muchos años de la primera. Luego, desde la perspectiva material también hay una diferencia notable. Hay muchísimas ocasiones en las que los pórticos son de un material diferente o están construidos de una forma distinta a la propia iglesia: de hecho, sus muros suelen ser de una mayor calidad edificativa, a base de sillería bien aparejada. Las diferencias también se acusan desde la perspectiva decorativa, pues mientras las portadas, los ábsides y demás elementos donde se concentra la decoración de las iglesias suelen tener unas características ornamentales concretas, los pórticos suelen presentar otras filiaciones artísticas, vinculadas con otros focos o referentes.

 Fig. 3. Ermita de Santa Catalina de Alejandría en Hinojosa (Guadalajara). © J.A. Salgado Pantoja.

En relación a la materialidad de estos pórticos, ¿qué conclusiones has podido extraer respecto a lo que se observa en las iglesias?

Pues sobre todo que los pórticos son obras de sillería bien escuadrada, y habitualmente marcada por los canteros que la trabajan y la disponen, mientras que las iglesias a las que se adosan, a menudo, tienen una fábrica predominante de mampostería. La piedra con la que se erigen las galerías suele ser local, conseguida a pie de obra o en explotaciones cercanas, aunque no faltan casos en los que algunos elementos decorativos fueron importados o acarreados desde otros lugares, ya que el tipo de piedra empleado en ellos no es común o directamente no existe en las canteras más próximas. Así sucede en algún pórtico de la Sierra de la Demanda, pero también en otros más meridionales, donde no es extraño encontrar sillares de arenisca muy porosa, y capiteles obrados sobre piedra de mayor calidad, como calizas o areniscas algo más duras.

Entonces, enfocándolo en el proyecto en el que nos encuadramos, todo apunta a que los pórticos sobresalen por su mayor calidad técnica y material, y ahora cabría preguntarse el por qué.

Considero que el principal motivo es que los pórticos reunieron bajo su techo una gran cantidad de cometidos funcionales. No es de extrañar, por tanto, que los comitentes y los propios constructores fueran conscientes de que una estructura que ha de aglutinar tan multiplicidad de usos debía ser potente, amplia y duradera. Funciones que como ya dije no sólo tienen que ver con la vida religiosa, sino también con el funcionamiento de la propia población y de su vida aldeana. Un porche de madera tiende a ser poco cómodo y muy perecedero, o al menos sino recibe un constante mantenimiento, pero una galería de sillar como las que se ven en la Extremadura Castellana tiene muy poco de efímera; al contrario, tiene una entidad constructiva muy notable.

Sobre la relación entre la construcción del pórtico y la economía, ¿tienes algún testimonio documental? ¿Alguna evidencia que certifique una explosión constructiva de los pórticos vinculada a una economía boyante u otra característica en particular?

Sí que se puede certificar que la mayoría de los pórticos castellanos, de estas galerías parroquiales, se construyen en un lapso de tiempo muy concreto, que es aproximadamente la segunda mitad del siglo XII, sobre todo en sus últimas décadas, y buena parte del XIII. Pero que coincidan con un momento de explosión económica, o al menos de cierto auge, es algo que no se puede certificar en ningún caso. Lo que sí quisiera poner de manifiesto es que en la mayoría de las ocasiones, o en un gran porcentaje, los pórticos que se han conservado no responden a poblaciones de gran prestigio ni de gran cantidad de habitantes, sino más bien a pequeñas aldeas que deciden adosar a sus iglesias estas galerías porticadas. Por tanto, no son lugares en los que se pueda hablar de una economía boyante, sino más bien de una economía de subsistencia, de solidaridad familiar, si se me permite. Ni siquiera existen diferencias constructivas u ornamentales significativas entre estos ejemplares aldeanos y los de las grandes villas, o al menos no tantas como cabría esperar. Cierto es que algunos pórticos de la ciudad de Segovia son majestuosos, pero nada tiene que envidiarles, por ejemplo, el de la localidad de Duratón. Del mismo modo, los dos pórticos románicos de San Esteban de Gormaz, gran villa medieval, resultan harto similares a los que se pueden hallar en las aldeas del que fuera su alfoz.

Fig. 4. Iglesia de la Asunción de Nuestra Señora en Duratón (Segovia). © J.A. Salgado Pantoja. Imagen tomada de «El pórtico románico en Tierras de Castilla», p. 717.

¿Se constatan testimonios sobre la inversión que supone alzar un pórtico e información sobre quiénes son los responsables?

Indicios documentales, ninguno. Por lo menos no en el siglo XII y en el siglo XIII. No hay documentación en la que se exprese de manera explícita quién se hacía cargo de sufragar esas obras. Se puede suponer que quizá fuese el propio concejo quien pusiera parte, movido por el interés de contar con esas estructuras, aunque tampoco parece descabellado que la iniciativa fuese de la diócesis o incluso de las propias Comunidades de Villa y Tierra las que favorecieron este tipo de estructuras. Lo desconocemos por completo, así que todo lo que se diga al respecto son especulaciones. La documentación que hay relativa a obras arquitectónicas vinculadas con los pórticos es mucho más tardía, de 1500 en adelante, y en ningún caso habla de su edificación, sino de reformas, tareas de mantenimiento o incluso demoliciones.

Te has referido a cierta homogeneización de los pórticos, pero también observamos que cuentan con algunas variantes. Centrándonos exclusivamente en los pórticos envolventes que localizamos en Segovia capital y en otras localidades, ¿cómo se justifican?

Pienso que el desarrollo de estos pórticos viene en gran medida determinado por el tamaño del vecindario, es decir, por el número de parroquianos que iba  hacer uso de ellos. Si la aldea o la colación eran grandes, se requería más espacio, ya fuese para las celebraciones paralitúrgicas, para enterrar a los difuntos o para celebrar las asambleas. No obstante, en algunas aldeas pequeñas también tenemos estructuras acodadas, lo que hace aún más complicada la explicación. Sea como fuere, parece claro que los pórticos fueron concebidos habitualmente no como espacios para guarecer una puerta, sino como unos recintos con un desarrollo considerable. Como unos ámbitos amplios, con capacidad para poder aglutinar aquellos usos que requerían la presencia de todos o, sino, bastantes miembros de la población o barrio al que rendían servicio.

Fig. 5. Necrópolis aparecida en el pórtico de la iglesia de San Miguel en San Esteban de Gormaz (Soria).  Proyecto cultural Soria Románica.

¿Los pórticos implican una mayor inversión o no de manera necesaria?

No sé hasta qué punto fueron más o menos costosos los pórticos, pero lo cierto es que pudiendo haberse hecho de otros materiales más fáciles de lograr y, sobre todo, más sencillos de trabajar, se hicieron con otros más caros y que requerían una mayor labor técnica. Cierto es que podían haber sido aún más monumentales, con bóvedas o incluso estructuras exentas, pero lo cierto es que se hicieron de piedra sillar, y no de mampuesto, y además se decoraron, con el consiguiente coste de dicha ornamentación. Podían haber sido mucho más sencillos, pero sus promotores se tomaron la molestia de contratar a escultores que cincelasen los capiteles, canecillos y molduras, e incluso en ocasiones, que representasen atlantes, incluyesen metopas en relieve o abriesen bellísimos ventanales. Cierto es que no hay grandes programas iconográficos, salvo casos puntuales, pero sin duda existía una intención decorativa y, hasta cierto punto, docente.

Y finalmente, qué crees que estas estructuras aportan a nuestro proyecto de investigación.

Tratándose de un proyecto que gira en torno al concepto de la petrificación, creo que es muy interesante ver cómo una estructura que ha existido a lo largo de la historia de la arquitectura cristiana, con diferentes materializaciones y características, termina por petrificar su aspecto a lo largo y ancho de la Extremadura Castellana, incluso en sus rincones más remotos, entre los siglos XI y XIII. Y lo hace a la par que homogeneiza sus aspectos, y amplía y concreta sus funciones. Gracias precisamente a ese carácter pétreo y recio, y aún a pesar del naufragio que sufrió esta tipología tras la pérdida de sus funciones, todavía podemos contemplar setenta ejemplares y vestigios de otro medio centenar en toda el área castellana. Nuestra labor, ahora, es velar por la correcta preservación y difusión de estos hitos tan genuinos del románico hispano, y más en particular, castellano.

Muchas gracias.

Madrid, 26 de marzo de 2019.