31 de julio  2018.

En 1096 Alfonso VI entregaba a su hija Teresa y su esposo el gobierno del condado Portucalense, cuya nueva frontera norte se establecía en el Miño y en Tràs-os-Montes y Riba Côa en el Este. Pero esta nueva línea divisoria no quebró las vinculaciones culturales, feudovasalláticas ni parentelares que unían a la nobleza establecida a ambos lados de la nueva frontera. Desde entonces los monarcas de ambos reinos pugnaron por atraer a la nobleza local para mantener el territorio que dominaban dentro de los límites de su reino. Mientras, estos nobles transfronterizos no dudaron en cambiar de fidelidad para aumentar el poder y el patrimonio en el reino vecino, aprovechando los vínculos de parentesco que les unían a la nobleza del reino que les recibía.

Desde el siglo XI las primeras generaciones de ciertas parentelas magnaticias transfronterizas que tenían amplios intereses en este espacio como los Baião, Bragança, Sousa, Silva, Soverosa, Cabreira e Ribeira, Cabrera, además de otras parentelas de una nobleza media, patrocinaron la construcción de iglesias y monasterios particulares a ambos lados de la frontera, que tuvieron gran importancia en la construcción de la identidad y memoria familiar, pues se convirtieron en sus panteones familiares o lugar de refugio en la desgracia, como San Pedro de Zamudia, San Salvador de Villacete, Santa Colomba de las Monjas entre otros lugares.

A lo largo del siglo XII entregaron sus porciones a las órdenes de Cluny y el Císter. Los Cabrera fueron los principales promotores del Císter en Zamora y Tràs-os-Montes, pues patrocinaron la llegada de los monjes blancos a Santa María de Moreruela, un centro que convertirán en el lugar de construcción de identidad y memoria de la parentela, además de San Esteban de Nogales y San Martín de Castañeda. Una tríada que recibió gran parte de los recursos de la parentela para su construcción. Pero los vínculos de parentesco que les unían a los Baião y los Bragança y los intereses que éstos tenían en la región,  provocaron que los miembros de estas parentelas tuvieran también una estrecha relación con los tres centros monásticos, además de con Santa María de Aguiar y con Castro de Avelães, situados al otro lado de la frontera.

A partir del siglo XIII los nobles comenzaron a producir literatura genealógica a través de la que legitimar su poder, además de vincular su identidad y memoria a determinados centros monásticos que habían patrocinado. Crearon narrativas en las que los edificios tanto iglesias y monasterios como sus casas y torres, tienen un gran protagonismo. Sus muros fueron testigos de ciertos acontecimientos como juramentos de vasallaje, banquetes en los que reciben al monarca, venganzas, cautiverios, raptos a las mujeres del linaje, incluso milagros de santos o de los ataques violentos que los destruyeron. También las cantigas creadas en el ámbito aristocrático galaico-portugués a partir de la segunda mitad del siglo XII permiten conocer el papel que determinadas construcciones tuvieron y su importancia en la mentalidad y en la imagen del poder de estas parentelas nobiliarias asentadas en el amplio espacio fronterizo

Las familias nobles se desprendieron de una parte destacada de sus patrimonios para patrocinar la construcción de ciertos edificios eclesiásticos y civiles, que tuvieron un gran valor simbólico en el seno de la parentela y sus dependientes. Invirtieron su riqueza en petrificar la imagen de su poder.

Dra. Inés Calderón Medina.

Universidad de las Islas Baleares.

Investigadora invitada en el proyecto de investigación “Petrifying Wealth”